Pallasos en Rebeldía denuncia un año más la violación de los derechos humanos que significa la valla de Melilla
Frente a los muros de opresión, de vergüenza y de silencio cómplice, l@s payas@s, nómadas para quienes no existen fronteras, acusan a los gobiernos de desproteger a la humanidad. Éste es el mensaje que, un año más, quiere difundir el colectivo internacional Pallasos en Rebeldía en Melilla a través de una acción reivindicativa y artística de la compañía de circo Kanbahiota. Este lunes 22 de agosto el colectivo actúa para los niños y niñas en la explanada del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) a las 19 horas, y antes, sobre las 12, realizarán una acción frente a la valla para denunciar la política migratoria. Integran esta expedición Rossina Castelli, Abraham Pavón (de Kanbahiota Troupe), Guille Hunter, el fotógrafo Carlos Cazurro, y la realizadora audiovisual Laura Arau, con Anna Gas como colaboradora. Este año inciden sobre todo en una realidad que está pasando también en las fronteras europeas: la cantidad de menores desprotegidos, que se fugan de los centros educativos residenciales de menores y vagan por las calles de Melilla. En estos momentos, unos 80 menores no acompañados, de entre 6 y 18 años, que están en la calle, reciben la ayuda algunas organizaciones, PRODEIN y Harraga entre otras.
En su acción frente a la valla, los participantes denuncian la injusticia y la violación de los derechos humanos que significa esta barrera a través de una intervención cuyo objetivo es demostrar que el conjunto de la humanidad, al igual que todas las personas que intentan cada día atravesar este muro de la vergüenza, está sumida en el desamparo y la desprotección ante la opresión y la barbarie que ejerce el estado español a lo largo de la frontera con Marruecos. Pallasos en Rebeldía ha querido poner el foco en este muro de la vergüenza como ha venido haciendo el último año en las fronteras de una Europa que se ha blindado frente a miles de personas mal llamadas refugiadas, ya que el refugio, su legítimo derecho, es precisamente lo que les está siendo negado: Idomeni, en la frontera heleno-macedonia, o Calais, en Francia. La acción se intentará retransmitir en streaming en el Facebook de Pallasos en Rebeldía.
Al mismo tiempo que tiene lugar esta acción, Iván Prado, portavoz internacional de Pallasos en Rebeldía, está en Mato Grosso do Sul (Brasil), dirigiendo el Festiclown Pela Terra, con el que Pallasos en Rebeldía se implica en la lucha del Movemento Sem Terra y las comunidades originarias, que están siendo literalmente masacradas, mientras la atención mediática se concentra en las Olimpiadas. Y con esa voluntad de poner el foco en lo que al poder no le interesa que sea visible, Pallasos en Rebeldía actúa ante la vergüenza del poder y el silencio colectivo que se extiende a lo largo de los doce kilómetros entre la frontera de Marruecos y España en la ciudad de Melilla, donde desde el año 1998 se ha construido una barrera física y artificial que atenta contra la libertad y los derechos de las personas individuales y del conjunto de la humanidad. Unas 1.800 personas viven en los 15 campamentos que hay repartidos alrededor de Nador, e intentan atravesar el Estrecho en patera o saltar la frontera de 11, 5 kilómetros de largo, 7 metros de altura y, según el tramo, 2 o 3 líneas de valla, que blinda Melilla. Dispensadores automáticos de gas pimienta, cuchillas o cámaras móviles son algunas de las “herramientas” que esta tecnología del terror ha dispuesto para disuadir a las personas de su derecho legítimo a la libre circulación. Este sábado 42 persoas originarias de Guinea Conakry y Mali consiguieron saltar las barreras con ganchos de hierro en las manos y con los pies calzados con zapatos preparados con clavos.