
Smara y Auserd, campamentos de personas refugiadas saharauis (Tindouf, Argelia), 13 de octubre de 2026.
El circo no entiende de fronteras. Y la solidaridad tampoco. Durante sus dos primeras jornadas, el FestiClown Sáhara 2026 ha llenado de risas, acrobacias, música y encuentros los campamentos de personas refugiadas saharauis. Pero aquí no hemos venido solamente a hacer circo. Hemos venido a compartir, a escuchar, a aprender y a recordar que ningún pueblo debería vivir condenado al exilio ni privado de su derecho a decidir su futuro.
Porque la cultura también es una forma de resistencia. Y porque, frente a la ocupación, la injusticia y el olvido, encontrarnos y caminar juntas y juntos es una manera de decir que el pueblo saharaui no está solo.
El circo sale a la calle y se encuentra con la lucha saharaui
El 12 de octubre, Día de la Unidad Nacional saharaui, arrancó la programación oficial del festival. Las compañías internacionales recorrieron seis colegios de las wilayas de Smara y Auserd, llevando sus espectáculos a niñas y niños y transformando las aulas en espacios de juego, imaginación y encuentro. También hubo un taller de pompas de jabón de la compañía Siete Burbujas, actividades con el Teatro Nacional Saharaui y propuestas artísticas repartidas por los campamentos.

El portavoz de Pallasos en Rebeldía y director del festival, Iván Prado, puso palabras al sentido político de este encuentro: «Es impresionante cómo usáis el arte, el circo y la sonrisa para luchar contra el imperialismo marroquí. El único camino es la libertad y el único destino es la victoria».
La lucha por la libertad no quedó fuera de los espacios culturales. Una manifestación de mujeres saharauis que reclamaban la libertad de los presos políticos llegó hasta el lugar donde se desarrollaban las actividades. Su presencia recordó que la vida cotidiana en los campamentos está atravesada por una reivindicación que sigue pendiente: el derecho del pueblo saharaui a vivir libre y en su tierra.

También comenzó en el Club Municipal de Jeurji, en Smara, el primero de los tres murales que realizará la ilustradora y muralista Iris Serrano. La obra representa a una mujer saharaui «fuerte como las montañas», una imagen que reconoce la fuerza de las mujeres que han sostenido la vida, la memoria y la resistencia de su pueblo.
La jornada terminó con una gran gala en el Club Municipal de Jeurji, donde artistas saharauis e internacionales compartieron escenario y público. Javi Javichi, Clau_Topia, Circo Hemisferios, Pallasa Trafalgar, Mascarpone Circo, Rainhas do Radiador, Cía. Alteatro e Ido Loca se sumaron a Dani García y Valeria Arco y Flecha, presentes también en la inauguración. El Teatro Nacional Saharaui y los músicos saharauis A’la Saydah y Shwayta completaron una noche en la que el circo, el teatro y la música se convirtieron en un lugar de encuentro entre culturas.
Una celebración compartida que no olvida por qué estamos aquí: para defender la dignidad de los pueblos, estrechar lazos de solidaridad y reivindicar un Sáhara Occidental libre.

Que el circo llegue también donde más se necesita
La segunda jornada llevó el festival a nuevos espacios. Las compañías continuaron sus actuaciones en colegios de Smara y Auserd y visitaron centros de educación especial, el Hospital de Rabuni, la Biblioteca de Smara y el Museo Nacional Saharaui.
En el Centro de Educación Especial de Smara, las artistas y los artistas conocieron un proyecto que acompaña a menores con discapacidad y trabaja para promover su autonomía personal y económica. Castro, director del centro, lo resumió con una frase sencilla y contundente: «El objetivo es la autonomía».
El centro organiza la recogida diaria de niñas y niños y produce juguetes y artesanías cuya venta ayuda a sostener sus actividades y apoyar a las familias. En Auserd, la artista Ido Loca llevó también el clown a otro centro de educación especial. Porque el derecho a la cultura no puede depender de las capacidades de cada persona ni de las dificultades para desplazarse: el circo tiene que salir al encuentro de quienes no siempre pueden llegar hasta él.

La compañía brasileña Traço visitó el Hospital de Rabuni y actuó para once pacientes de Pediatría, Medicina General y Urgencias. Acompañada por el enfermero saharaui Chebih Moh Kori y la pediatra cubana Vilmaris, la compañía acercó el lenguaje del circo a un espacio donde un espectáculo puede abrir una pequeña ventana de alegría en medio de la rutina sanitaria.

La cultura también se escribe y se lee. En la Biblioteca de Smara, impulsada por el Proyecto Bubisher de la Asociación de Escritores por el Sáhara, las compañías conocieron una iniciativa que fomenta la lectura y contribuye a mantener y fortalecer el vínculo con la lengua española entre la población refugiada.

Son espacios distintos, pero todos comparten algo esencial: el compromiso con la vida, la educación, la dignidad y el derecho de las personas a construir su propio futuro.
Memoria para no olvidar, cultura para seguir resistiendo
La visita al Museo Nacional Saharaui permitió a las delegaciones internacionales acercarse a la historia del Sáhara Occidental, sus vínculos históricos con España, la lucha por la autodeterminación y el papel del Frente Polisario. El recorrido puso también en primer plano a las mujeres saharauis, protagonistas fundamentales de la organización y supervivencia de los campamentos mientras muchos hombres partían al frente.
Recordar esa historia es imprescindible para comprender el presente. El pueblo saharaui tiene memoria, identidad y derechos. Y su lucha por la autodeterminación no puede quedar enterrada bajo el silencio ni la indiferencia internacional.
Al caer la tarde, las dunas se transformaron en un escenario colectivo. Circo, acrobacias, números aéreos, telas, clown y fuego se mezclaron en un espectáculo que reunió a artistas y público en torno a una misma certeza: la alegría también puede ser una forma de resistencia.
Con la bienvenida de Jadi, la voz de A’la Saydah y las actuaciones de Tchyminigagua, Circo Pa’To, Mascarpone Circo, Valeria Arco y Flecha y Jony Kiskipliskis, la jornada celebró la fuerza de la cultura como espacio de encuentro y reivindicación. Entre aplausos y emoción, el festival volvió a poner sobre la mesa el derecho al retorno, la autodeterminación y la aspiración a un Sáhara Occidental libre de ocupación.

El cierre tuvo una carga política especial. Iván Prado, acompañado por el ministro de Cultura de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), músicos y artistas participantes, dedicó la solidaridad del festival a los cinco presos políticos saharauis del grupo de Gdeim Izik que cumplían 21 días en huelga de hambre. «Que nuestro aplauso lleve alimento a su estómago», expresó.
Un aplauso que quiere traspasar las dunas, romper el aislamiento y recordar que la situación de los presos políticos saharauis no puede caer en el olvido.

La solidaridad no termina cuando baja el telón
El FestiClown Sáhara está demostrando que el arte puede tender puentes entre pueblos, acompañar procesos de resistencia y abrir espacios para que otras realidades sean escuchadas. No se trata de llevar respuestas desde fuera, sino de compartir herramientas, construir complicidades y reconocer la capacidad de un pueblo que, pese al exilio y las dificultades, sigue defendiendo su cultura, su identidad y su futuro.
Organizado por Pallasos en Rebeldía y el Ministerio de Cultura de la RASD, con la colaboración del Teatro Nacional Saharaui y la Escuela de Formación Audiovisual Abidin Kaid Saleh, el festival reúne a más de 22 compañías internacionales de circo y teatro.
Hasta el 17 de octubre, el FestiClown Sáhara continuará recorriendo los campamentos y las distintas wilayas. Quedan por delante más espectáculos, talleres, encuentros y momentos compartidos. Pero el mensaje ya está en marcha: la cultura no es un lujo, la solidaridad no es caridad y la alegría no está reñida con la lucha.
Desde los campamentos saharauis, el FestiClown levanta su carpa junto a un pueblo que sigue reclamando justicia, libertad y autodeterminación. Porque mientras haya pueblos a los que se les nieguen sus derechos, habrá motivos para hacer del circo una herramienta de rebeldía.
