ÚLTIMA CRÓNICA DESDE LA ESCUELA ZAPATISTA
Se van los amigos, conocidos o no, pero amigos, amigos del alma y de la palabra, amigos que me han levantado del suelo con sus poemas y sus miradas, amigos que hacen parte de mi rosario y de mi aurora, de mi canto y de mi risa. Te vas Juan, te vas Gelman, te vas pero no del todo, porque hace tiempo que aprendimos que ni la vida ni la muerte se pueden palabrear…
Hoy que escribo esta crónica llena de vida y de vivos y vivas, siento el alma romperse en pedazos ante la muerte en verso de un poeta que me dio aliento en muchos de sus sentidos y placeres .
Sin embargo, la pluma me lleva a escribir este relato invadido por seres de luz llenos de alegría, niños y niñas tzeltales con los que compartí la Escuelita Zapatista durante una semana.
Es una crónica rapeada sobre Samu-el, el que corre todo el día detrás de mi con su sillita de madera que ahora era una moto, ora una motosierra, ora un perrito; Samu-el que me mira con una sonrisa de oreja a oreja y repetía cada palabra que yo decía, Samu-el el de cinco años y corazón de gigante, con sus ojitos prendidos de luz llamando por la vida, Samu-el tendrá 15 y será promotor de educación, tendrá 25 y será Junta de Buen Gobierno y tendrá 35 y será libre, porque treinta son los años que pasarán para que este mal gobierno claudique.
Esta crónica casi como un blues habla de Juana, de cuatro años, que cuando yo llegué a la comunidad se escondía detrás de su madre María, y que a los pocos minutos estaba abrazada a mi pierna, no me habla, no me dice que ya casi ayuda en la casa a traer leña y agua; no me habla de como sueña con ser zapatista como su madre y su abuela; no me habla, pero me pide amor mientras me da abrazos de sorpresa, mientras se sube a mi regazo, me abraza en la cama, me da besos en los labios y sobre todo no me habla mientras me enseña feliz su familia, su casita de madera y sus hermanas de maíz. me las enseña con tanta ternura que parece que nunca las botas militares del gobierno asesino del PRI podrán hacer desaparecer esta lucecita caída del cielo.
La parte de Consuelo, sería una crónica en son cubano, porque habla de una payasa única, que con cinco años me imita, se burla de mi, me busca y me provoca, y todo eso mientras hace reír al resto de la comunidad con sus juegos y su manera de poner caritas y mover los ojos. Consuelo es la semilla de futuro, que traerá una cosecha largamente soñada de docenas de payasos y payasas en rebeldía de estas tierras.
Maribel es la mayor, 7 años, su crónica es en bolero, corre por aquí llevando a su hermanito Pedro recién nacido, corre por allá llevando la leña y el agua, corre por allá para subirse al árbol y jugar conmigo, corre por acollá a buscar comida, corre, ríe, salta, me quiere, me abraza, se vuelve a reír, ella no para… es mujer, y ya se lee en su mirada que será del comité de mujeres zapatistas, que fundará una cooperativa de producción y que quizás acabe siendo una comandanta.
Podría hablar aquí de cuando me llevaron a cortar café, a limpiar cafetales, a recoger camote, a dar de comer al toro, de las asambleas, las fiestas, o del recibimiento en la escuela, podría hablar aquí de Marcelino, mi Votán, pero prefiero dejar esas historias para otro relato más cinematográfico y menos musical.
Esta es la crónica de las niñas y niños zapatistas, posiblemente la mejor siembra de corazones que la humanidad haya visto nunca.
Esta crónica es la de la vida que corre por esos ojitos lindos que detrás del paliacate pueden ver en el mañana un lugar de justicia y alegría
Esta crónica quisiera ser o será un poema de Juan Gelman cantado por Víctor Jara en la comunidad de Palestina, Chiapas.
Hoy que estoy tan alegre, qué me dicen,
me miro el pecho y río, mirome
la estatura, el reloj, los pantalones,
tan alegre que me río,
la camisa me miro a carcajadas, vea usted,
este asunto comienza en mi esqueleto
(perdón por la palabra), estoy alegre
compañero, le digo, cuello arriba
y cuello abajo río, qué es no sé,
me levanté tan simple como siempre
y tan juan como suelo entré a la calle,
salud, ciudad, le dije, le acaricié
la mañana de paso, fui hasta el hombre
más triste y le di un sueño,
compañero
qué me pasa, me río y qué es no sé,
tengo un tumulto de violines vivos,
me nace un pájaro en la boca,
¡al tren!
¿quién se ha muerto? ¡mentira!
los marinos
se enamoraron de una estrella
¿y qué?
Juan Gelman (en el centro de mi corazón).
Ivan Prado
Portavoz circunstancial de Pallasos en Rebeldía
Ciudad de México, a 14 de enero de 2014
